martes, 16 de septiembre de 2014

MADRE

Poco a poco el café gotea del crepúsculo
Se disuelve en los destellantes ojos de la tarde
Ya estás firme
Tu entrañable voz se enciende
Una a una tus soñolientas lisuras
Resbalan en mis oídos
Con el copioso sudor de tus cabellos
Extingo la telaraña de mis ojos
Con la conveniente loción de tus palabras
Mis bostezos envuelven el vaivén de tus talones
El volumen de tu cabellera
Y la regocijante piel de las nubes,
En tus manos crece el huerto de mi amor
Madre
Y en tu vieja canaste llevas siempre bendiciones para mí
Al compás del aire que baila con mis pasos
Y mi perdida mirada en el firmamento,
Madre.

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