Frío, oscuridad, silencio...
Un nudo en la garganta atado, ¿por mí?
¿Por el mundo?
Quizás no deba arrastrarme aferrada al cielo
A mis latidos
Y es que éstos, envueltos en confusión, son más taciturnos.
Mi cuello, atravesado por un cuchillo de resplandor hiriente
Mi boca, mordiendo la pureza del infierno
Destrozando mi poca serenidad...
Si tan sólo llegara el fin y su otra cara...
Soñar, despertar, olvidar.
Soñar, llevar en mis brazos la luna
Sin sentirme culpable de que la noche resulte abandonada.
Despertar, sin hallar la realidad atada a mi aliento
Sin llorar hasta morir en una efímera sonrisa.
Olvidar, escurrir de mi corazón el sudor con textura de ilusión
Y blanquear las horas y sus cuerpos
Lejos de los susurros y enloquecedores gritos.
Ay, vida no tienes olor ni temor
Ya no te importa si el sol se marchita o sólo juega a las
escondidas
No te importa si el fantasma que concibió la poesía en mí
Rompe el cerco y huye de mí cuerpo.
Noche, tu rostro es frío, oscuro y silencioso
Tu piel, la sombra de un dolor
Espejismo y realidad en mi interior.
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