Una sonrisa, una caricia, una eterna mirada tuya
Son como el oasis profundo de mi filosofía perdida
En mares que hablan de noche sin tener voz
Y oyen sin tregua.
Tus labios, los más cruel
Y tu mirada, la más intensa
Lo más inocente en esta tierra absurda
Pecaminosa.
Tu ser, o mis sacramentos
Mis leyes que ya no son lo mismo
Desde aquel tiempo moribundo.
Un café y tu alma transparente sigue en él
Una cita y todavía tu llanto valioso
Y tus caricias nostálgicas
Y tu exagerada mirada poética, apenas destruida
Con la tragedia del amanecer, del anochecer
De la melancolía...
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