Se ha oído una sonata narcisista
En aquel lúgubre invento
Un enjambre de mentiras
Que desfilan ante la pobreza y su ignorancia,
Mentiras sumidas en un profundo egoísmo
Que calla, que mutila
Lágrimas que piden a gritos socorro
Eh ahí la miseria, la misma
Abrazada a la desesperanza
Y más mentiras suspendidas en la nada...
Suplicios que suplican que se arranque de raíz
La agonía de esos rostros, tantos
Que se tragaron su pobreza
Sin criticar al hombre petulante...
Que no sollozaron al viento por la justicia
Que creían muerta
Mártires del tiempo acurrucados en destino fúnebre
Que no se quejan, que no lloran
Mártires esclavos de cuerpos sin alma
Y más palabras vanas...
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